Yo seré la respuesta al final de las cosas. Estaré ahí para ti todo el tiempo que necesites. Cuando tus dudas se hagan mayores en mí encontrarás cimientos fuertes. Lograré mantener el equilibrio mientras no lo puedas ver. Aún si la vida entera me llevase, no me quebraré ni me doblaré ante nada. Todo habrá valido la pena, al final merecerá la pena. Pues sólo puedo decirte lo que sé: que te necesito en mi vida. Y cuando las estrellas se apaguen tú luz me seguirá iluminando.
Te estaré esperando. No borraré el dulce sabor de tus besos y tus caricias de mi cuerpo. ¡No me pidas eso! No me pidas que te olvide, porque no quiero. No me pidas que no te ame, porque no puedo. No me digas que vas a marcharte, no tienes que hacerlo. Si vas a irte, vete, pero no me digas que te estoy perdiendo. No me asesines de esa manera, déjame vivir con tu recuerdo, vete tranquilo y no digas nada. De verdad, no es necesario porque yo te comprendo y porque te amo, te permito hacerlo. Vete, vete sin remordimientos, por mí no te preocupes, sabré mantenerme viva soñando tu regreso y cuando estés lejos...No sé…
¡Cuando no halles otros labios como los míos incansables de besarte!
¡Cuando comprendas que tú y yo somos uno, que nos pertenecemos!
¡Cuando comprendas que nadie como yo podrá amarte ni te ha amado!
¡Cuando la cruz de la tristeza, empiece a doblegarte el alma!
¡Regresa amor mío!
Que amándote igual o más que el primer día, con los brazos abiertos, te estaré esperándo.
Paco Morán (21-04-2010)
Te esperaré eternamente