En el que se completan las órdenes de la misión. Erzebeth Bâthory, aquella a la que llaman la Condesa Sangrienta, «debe morir». Más su cuerpo ha de ser conservado para albergar un ente que, atendiendo a las directrices del Destino, repare el equilibrio perdido. ¿Cómo cumplir semejante mandato? Tendrán que confiar en que el barco les dé nuevas pistas.