Cecil Deathlone sabe cuánto se juega enfrentándose a los seres de la Duodécima dimensión. Pero lo que necesita es tan importante para él que está dispuesto a cualquier cosa. No obstante, como todo buen jugador se guarda un as en la manga. Y, en cualquier caso, el pago que se le exige es algo a lo que en el fondo había empezado a renunciar hace ya tiempo.