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1º Concilio Ecuménico, I de Nicea

Convocado por el Emperador Constantino el Grande contra los arrianos; tuvo lugar en Nicea el año 325, con la asistencia de 318 Obispos.

Controversia Arriana

Arrio negaba la divinidad del Hijo, “consubstancial” al Padre. Si Jesús nació, hubo entonces un tiempo en el que no existía. Si Él se convierte en Dios, hubo un tiempo entonces en que no lo era. El Concilio declaró las enseñanzas de Arrio una herejía inaceptable para la Iglesia y decretó que Cristo es Dios, siendo de la misma esencia que Dios el Padre.

El Credo

La primera parte de los siete artículos del Credo fue ratificada en este Primer Concilio Ecuménico, quedando así:

“Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, el Hijo unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos. Luz de luz; Dios verdadero de Dios verdadero; nacido, no hecho; consubstancial al Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos y se encarnó del Espíritu Santo y de María Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado bajo Poncio Pilato, padeció y fue sepultado. Resucitó al tercer día, según las escrituras; y subió a los cielos, y está sentado a la derecha del Padre; y otra vez ha de venir con gloria a juzgar a vivos y a muertos; y su reino no tendrá fin".

2º Concilio Ecuménico, I de Constantinopla

Convocado por el Emperador sevillano Teodosio el Grande contra las tendencias arrianizantes y contra los macedonianos, que negaban la divinidad del Espíritu Santo; tuvo lugar en Constantinopla en el año 381, con la asistencia de 150 Obispos.

Controversia Macedoniana

Macedonio, al igual que Arrio, malinterpretó las enseñanzas de la Iglesia sobre el Espíritu Santo. Él enseñaba que el Espíritu Santo no era una persona, sino solamente un poder de Dios; por lo tanto, el Espíritu era inferior al Padre y al Hijo. El Concilio decretó que había un Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Gregorio de Nisa aporta la idea de que las operaciones de las personas trinitarias son distintas pero atestiguan una sola esencia. El Padre es todo poder, el Hijo es el poder del Padre, y el Espíritu Santo es el Espíritu del poder del Hijo. Hay que tributar la adoración suprema al Espíritu Santo, lo mismo que al Padre y al Hijo.

El Credo

Los Santos Padres del Concilio añadieron cinco artículos al Credo, quedando concluido así el texto griego, y se le llamó “Símbolo Niceno-Constantinopolitano”:

“Y en el Espíritu Santo, Señor vivificador; que procede del Padre; que con el Padre y el Hijo es adorado y juntamente glorificado; que habló por los Profetas. En una sola Iglesia, Santa, Católica y Apostólica. Reconocemos un solo bautismo para la remisión de los pecados. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo venidero. Amen.”