Aunque comparten muchas tradiciones, el cristianismo en Occidente y Oriente comenzaron a divergir desde una fecha temprana. Mientras que en Occidente la forma más común de las iglesias fue la de la basílica —una sala alargada de una única nave con un ábside en un extremo—, en Oriente predominó un estilo de iglesias más centralizado y compacto. Esas iglesias tuvieron su origen en los martyria y se centraron en las tumbas de los santos, en especial de los mártires que habían muerto durante las persecuciones (y que solamente terminaron totalmente con la conversión al cristianismo del emperador Constantino).