Parecía un adolescente enamorado, esperando al lado de su ordenador como cuando tenía dieciséis años y esperaba al lado del teléfono anhelando la llamada de Rosita, su primera novia.
Pero Roberto no tenía dieciséis años y Laura no era su novia, así que se sentía bastante incómodo con esta ansiedad tan poco justificada.