La constitución de lo colectivo tiene una innegable ventaja: la contigüidad, la proximidad, permite que uno sienta la presencia inmediata del otro. Claramente allí no se está solo.
Sin embargo recuerdo la insistencia de Sigmund Freud en afirmar que, por más que lo quiera, el ser humano no puede contar con un inconsciente colectivo: allí el sí está solo. Y mostró cómo esa soledad determina en gran parte sus vínculos.