Tardé cuatro meses en besar a mi novia. Para ello me fui armando de valor escuchando las canciones de Hilario Camacho en los pubs de la época. Era el año setenta y ocho. A ella también le gustaba su música, “Bésame y contigo volaré”, cantaba Hilario, y aproveché. Años después tuvimos una hija, justo cuando el cantautor empezó a ser más conocido por su “Tristeza de amor”, que a veces tarareaba para dormir a la niña.
En dos mil tres estuvo en la Asamblea de Extremadura para hablar a jóvenes que habían cumplido veinticinco años como la Constitución. También cantó. Se lo cuento a ustedes porque acabo de recuperar la grabación histórica y emotiva de aquello. A veces trabajar en lugares como este permite vivir momentos mágicos. Hilario relató sus experiencias en los años en los que no se podía hablar claramente de nada, contó anécdotas de la censura, de cómo un día le llevaban al calabozo acusado de alborotador por cantar, pero le soltaron porque a uno de los policías le gustaba su canción de “los cuatro luceros”, y también expresó a los chavales la alegría con la que vivió la transición. Algo desencantado por el paso del tiempo decía que cuando compuso lo de “Son muchos los que mienten para resplandecer pagando por su vida un interés”, estaba dedicado a la política.
Tres años después Hilario se quitó la vida. No soportó en lo que se había convertido el mundo, “está lleno de estafadores” escribió en la carta de despedida. Pero quedan sus canciones, yo las sigo escuchando, y mi novia todavía deja que la bese. Gracias Hilario.
Emisión de RNE. Octubre 2015.