Cuenta la leyenda que una mujer entró a un restaurante y pidió una sopa. Una vez servido el plato de sopa… La señora alzó la voy y dijo:
– ¡Camarero por favor, venga!
El camarero se acercó y le preguntó:
– ¿Qué desea, señora?
– ¡Deseo que pruebe la sopa!
El camarero, sorprendido, le preguntó a la mujer si el problema era que la sopa estaba insípida. La mujer, enigmática, insistió en su petición.
– ¡No! Quiero que pruebe la sopa.
El camarero, confundido, le dijo a la señora:
– ¿Qué sucede señora? Si es porque no le gusta, ¿quiere que le traiga otro plato?
La mujer seguía insistiendo, enrocada en su engimática proposición.:
– ¡Simplemente quiero que pruebe la sopa!
El camarero, que ya expermientaba una mezcla de sentimientos entre dudas, curiosidad y también cierto malestar por la rotundidad de la mujer, apuró sus últimas opciones preguntando a la mujer si es que la sopa estaba fría.
– Yo si se la tengo que cambiar, se la cambio, señora… Pero por favor, dígame qué le pasa.
– ¡Por favor! ¡Pruebe la sopa si quiere saber qué le pasa!
El camarero, dándose cuenta de que nada podía hacer más que probar la sopa, finalmente se sentó en la silla libre, junto a la mujer, se acercó el plato, levantó su brazo para coger la cuchara y, con cierta sorpresa, exclamó susurrando:
– ¡Pero si no hay cuchara…!
La mujer zanjó la conversación.
La mujer seguía insistiendo, enrocada en su enigmática proposición. comer.