Yule es la festividad que celebra este simbolismo del declive de la oscuridad y el resurgir de la luz y la esperanza porque, a partir de ahora, empiezan a crecer los días.
Representa la noche más larga, pero también augura el lento retorno del sol. Por esta razón muchas culturas celebran algún tipo de festival que conmemora el renacimiento espiritual y religioso del solsticio invernal.
Desde la práctica mágica - espiritual, esta celebración simboliza la oportunidad de la renovación, de desprenderse de viejos hábitos y de sentimientos negativos. Es también el abrazo a la esperanza de que en medio de la oscuridad pronto la cálida luz del sol volverá.
Yule es un momento propicio para meditar sobre la oscuridad. Es un tiempo de espera atenta en el que podemos observarnos a nosotros mismos y descubrirnos. Celebramos la esperanza del renacimiento, confiando en que después de la fase de mayor oscuridad, renacerá la vida que duerme bajo la tierra.
Durante el ciclo de Yule, encenderemos nuestra llama sagrada dentro de nuestra oscuridad, nos nutriremos, cultivaremos aquellas intenciones que nos acompañaran a lo largo de este ciclo, madurando poco a poco hasta su manifestación.
Yule nos invita a reflexionar, a bendecir y a soltar todo lo creado y manifestado en el último ciclo de Samhain. Es tiempo de desapego con amor, gratitud y generosidad. Yule nos recuerda que la rueda gira de nuevo, es la primera festividad de la Rueda del Año.
Es el momento del año en que se abre la comunicación con la Madre Divina, que planta una semilla en nuestro útero y va a depender de nosotras lo que plantemos y cómo crezcan nuestras semillas en función de cómo las alimentemos con nuestros pensamientos, palabras, acciones, sentimientos e intenciones, para tras el periodo de gestación, parir nuestros más profundos anhelos plantados.
La llama interior de nuestra alma se enciende dentro de nuestra oscuridad. Toca alimentar nuestra alma e ir hacia el interior. La quietud y la calma son los ingredientes para canalizar con la Madre Divina.
Retirarnos hacia adentro, modelar nuestra naturaleza y cultivar nuestra energía, para despertar nuestra sabiduría interior.
Yule simboliza el nacimiento de la luz y aunque en el hemisferio sur no se celebra la navidad en esta época, la navidad simboliza precisamente eso, el nacimiento de la luz, el ser crístico.
El ser crístico es el ser humano que se abre a vivir su existencia humana desde su humanidad y su Divinidad en su cuerpo físico.
Este trabajo lo realizaremos durante los 40 días que está presente la energía de Yule
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