Dios no es material ni corporal (es decir, Él no posee un cuerpo físico). Dos de las consecuencias más grandes de esta verdad son: (1) Dios no está confinado por ninguna de las restricciones físicas tan comunes a la humanidad; y (2) Dios no es visible y por lo tanto, no debe degradarse con imágenes hechas por los hombres.