Las cartas me rodean y me gusta que así sea. Mientras escribo esto, Be me recuerda que hay que escribir una carta a los reyes y me dice que yo haga lo propio, y al tiempo aparece en el buzón uno de los elegantísimos sobres de Diana. Escribir cartas tiene algo de ritual donde el papel la tinta y el sobre son piezas de alquimia a la búsqueda de algo especial.
¿Quién no ha pasado las manos por los sobres y ha desdoblado con cuidado esas palabras de otro que enunciamos en nuestra voz? Llamadme lo que queráis, pero no hay red social que pueda igualarlo.
En estos días en los que correos casi se reduce a una sucursal de Amazon, recibir una carta manuscrita es un acto de resistencia contra la frialdad y el automatismo reinante. Así que no perdáis la oportunidad de uniros.
He escogido una carta que Zelda le escribe a Scott Fitzgerald en la navidad de 1931. Una carta breve pero de las que no dudo hubiera vuelto a leer mil veces si me hubiese llegado a mí.
No perdáis tiempo. Escuchad y luego id a buscar un sabre, lápiz y papel.
Las pistas de audio que suenan son:
Hannah's Song, de Chris Haugen
Moonrise, de Reed Mathis