El agua de los manantiales de montaña fluye laderas abajo sin esfuerzo. Se abre camino entre los obstáculos, las piedras, palos, rocas.
Hoy meditamos con el agua fluyendo de un manantial de montaña, que nos ayuda a limpiarnos, que nos recuerda lo que es fluir, movernos sin esfuerzo.
Entregarnos a la vida sin aferrarnos a creencias limitantes, a apégoos, a los no puedo, o a los no sé.
Simplemente soltamos, nos entregamos y en esa rendición encontramos un regalo. Un regalo de la vida para nosotros, por entender en qué consiste la vida: en Fluir.