Una de las cosas que admiro de Jesús, es que nunca ha bajado el estándar en cuanto a compromiso, y mucho menos nos pide a nosotros que lo hagamos. Su nivel de compromiso es tan grande, que el sufrimiento terrenal no puede impedir que él continúe con la misión encargada por Dios y mucho menos que nos encarga a nosotros (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-16). Es seguro que, si tomamos la decisión de ser sus discípulos, el sufrimiento, la persecución, los malos tratos, no estarán lejos de nuestro diario vivir (Juan 16:33). Es más, por el hecho de ser cristianos ya tenemos asegurados un espacio en el odio colectivo de todas las personas que no aman la verdad y mucho menos que se les enfrente con ella. Jesús nos está llevando por la corriente de su estilo de vida, él nos está guiando por un camino que nos hace completamente diferentes al resto de la humanidad. Nos está uniendo a su equipo de personas que no transan sus convicciones por temor a ser heridos o mal tratados, nos está llamando a caminar con él por el camino de la cruz (Lucas 14:27), y a ser dichosos de hacerlo (Hebreos 12:2), al igual que él, nos está mostrando lo precioso que es el poder terminar bien el camino acá en la tierra sabiendo que en el cielo todo lo que sufrimos acá estará olvidado. (Apocalipsis 21:4).