¿Ha experimentado hambre en su vida?, ¿pero ese tipo de hambre que le lleva a desear comer lo que sea para poder satisfacerse?
Barclay hace una mención a este tipo de hambre conectándola con la imagen que generaba en las personas que escuchaban a Jesús en este momento. Barclay señala:
Las palabras no tienen una existencia aislada; existen sobre el trasfondo de la experiencia y del pensamiento; y el significado de cualquier palabra está condicionado por el trasfondo de la persona que la pronuncia. Eso es particularmente cierto de esta bienaventuranza. Les haría a los que la oyeron por primera vez una impresión totalmente diferente de la que nos hace a nosotros.
El hecho es que muy pocos de nosotros en las condiciones modernas de vida sabemos realmente lo que es tener hambre o sed. En el mundo antiguo era muy diferente. El salario diario de un obrero sería el equivalente a 6 céntimos; y, aun teniendo en cuenta la diferencia del valor adquisitivo del dinero, uno no se ponía gordo con tal sueldo. En Palestina, un obrero comía carne sólo una vez por semana; y en Palestina un trabajador o un jornalero nunca estaban muy lejos de la línea que marca la verdadera hambre y la muerte por inanición.