Existe por allí un muy viejo aforismo socialista que dice: “toda persona tiene la obligación de producir por lo menos el equivalente de lo que consume”.
Siempre me pareció un buen aforismo aunque concedo que, en la práctica, su aplicación presenta toda una serie de dificultades porque, con frecuencia, se hace condenadamente difícil establecer esa equivalencia; así como hay muchas formas de producir y también muchos y muy diferentes productos. Decididamente: no es fácil llevar el aforismo al mundo real. Pero, aún con todos sus bemoles, no deja de ser un excelente principio porque, en lo esencial, lo que nos está diciendo es tan sólo que nadie tiene el derecho a ser un parásito.
En principio, y en un sentido estricto, el trabajo comprende la actividad mediante la cual una persona provee a su propio sustento y al de los suyos. En otras palabras, desde el Paraíso Terrenal para acá, el trabajo es lo que nos permite sostener y mantener a una familia.