Cuando abras tus sagradas escrituras, no las abras sin haber pedido en oración la dirección a Dios y al espíritu santo, cuando hagas esto encontraras que aquellas preguntas realizadas de parte de Dios a gente muy conocida por notros no fueron hechas únicamente para ellos sino que tiene valor aun en nuestros días; como si Dios mismo nos preguntara a cada uno de nosotros.