Muchas veces pensamos que Dios no está al tanto de las cosas que nos están sucediendo.
Por esta razón, cuando llegan los momentos difíciles tenemos la tendencia a pensar que Dios nos ha abandonado.
Un buen ejemplo seria cuando los discípulos estaban en la barca con Jesús y se desato una tormenta, ellos le dijeron al Señor: Maestro despierta que perecemos.
Jesús respondió calmando la tormenta y requiriendo a sus discípulos por su falta de fe. Pues él no se ha ido de la barca.
Otro ejemplo es cuando Elías derrota a más de cuatrocientos profetas de Baal y después es amenazado por Jezabel, la esposa de Acab. Elías huye por su vida y sale a encontrarse con Dios para exponer su situación.
Dios responde a Elías, no estás solo, hay 7000 rodillas en Israel que no se han postrado ante Baal. No estás solo, yo estoy contigo.
El no tener una respuesta inminente de Dios, no quiere decir que se ha olvidado de nosotros, más bien debemos entender que son tiempos que Dios permite para que dependamos mas de El y menos de las circunstancias y personas que están a nuestro alrededor.
El silencio de Dios, no es ausencia de su amor y mucho menos ausencia de su presencia. Mas bien, es un pretexto para poder encontramos con el cara a cara.