En ocasiones, no estamos conscientes que Dios está al tanto de todo lo que hacemos, lo cual nos hace pensar que nadie se dará cuenta de quien realmente somos.
Hay dos ejemplos clásicos de personas que intentaron esconderse de Dios y engañar con sus acciones a la Iglesia.
El primer ejemplo son Adán y Eva.
¿Cuál fue la primera reacción de esta pareja cuando escucharon la voz de Dios después de haber desobedecido dando entrada al pecado?
Ellos se escondieron de la presencia de Dios entre los árboles del huerto.
¿Es posible esconderse de Dios usando árboles como un paraban?
Bueno, esto es lo que hacemos cuando no tenemos claro que Dios conoce todo de nosotros. Y no hay nada que podamos hacer que El no sepa.
El otro ejemplo es Ananías y Safira.
Ellos pensaron que podían mentirle a la iglesia, simulando que estaban dando todo el dinero de la venta de su propiedad, cuando no era así.
Por supuesto que ellos, deben haber pensado que nadie se daría cuenta de su engaño. Entonces Pedro le dijo: «Ananías ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo?
El salmista David dice en el Salmo 139: has examinado mi corazón y sabes todo acerca de mí, sabes cuándo me siento y cuando me levanto; conoces mis pensamientos aun cuando me encuentro lejos, me ves cuando viajo y cuando descanso en casa. Sabes todo lo que hago. Sabes lo que voy a decir incluso antes de que lo diga.
Como cristianos, estamos llamados a vivir una vida donde la verdad y la transparencia sean el sello que nos acompañe en todo nuestro andar.