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Aunque satanás y sus demonios fueron derrotados y atados por Cristo en su obra consumada, eso no significa que ellos están inactivos. A pesar de su derrota ellos hacen todo lo que puedan para trastornan los planes divinos.
Sin embargo, Satanás fue derrotado por Cristo, pero aún no se ha dado el golpe final, sino que el Señor, en su segunda venida juzgará de manera definitiva al mal.
Cristo en su sacrificio, anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, despojando a los principados y potestades los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.
Anular el acta de los decretos, significa, que la deuda que teníamos para con Dios y que es imposible de pagar, Jesús la canceló, tomando el lugar que nosotros merecíamos.
Él nos ha extendido el perdón por medio de su sacrificio y su muerte en la cruz. La deuda ha sido pagada y ahora podemos tener una relación con Dios donde nuestro único mediador es el propio Cristo.
La lista de los delitos y transgresiones por la que merecíamos el castigo y la muerte, fueron puestos en la cuenta de Cristo y clavados a su cruz, mientras El pagaba el castigo de nosotros, de tal forma que satisfizo la ira justa de Dios contra los delitos y pecados que requerían el pago total.
De esta manera, Jesús desarmó por completo a satanás y determinó su derrota definitiva junto a toda su hueste perversa de ángeles.
De la misma manera en que un general romano hacía desfilar a sus enemigos derrotados por las calles de Roma, así Cristo ganó la victoria sobre todas las fuerzas satánicas en la cruz.