Cuando nuestros líderes toman decisiones en la que nosotros no estamos de acuerdo, en la mayoría de los casos, murmuramos, nos quejamos y criticamos las decisiones que han tomado con relación a ciertos temas en el que tenemos otra opinión.
La palabra de Dios enseña en hebreos 13:17 que debemos obedecer a nuestros pastores y sujetarnos a ellos, porque ellos tienen la responsabilidad de velar por nuestras almas y deben responder a Dios por esta gran labor.
Pablo escribiéndole a los tesalonicenses en el capítulo 5 verso 12 y 13 dice que debemos honrar, respetar y demostrar amor hacia nuestros líderes en la obra del Señor, pues ellos trabajan arduamente entre los creyentes y su única intención es brindar orientación espiritual.
David, cuando tuvo la oportunidad de matar al rey Saul cuando este lo perseguía, dijo: No puedo alzar la mano contra él, porque es el ungido del Señor. Entendiendo que no le tocaba a él tomar venganza pues este era un hombre que Dios había puesto como Rey en Israel.
¿Qué hacemos cuando el líder que tenemos en nuestro criterio es incompetente y no nos gusta?
Debemos respetar, amar y entender que Dios lo ha puesto con el propósito de bendecir a su pueblo.
Por otra parte, el Pastor debe reunir ciertas características morales que hacen validar su liderazgo ante sus feligreses y la comunidad donde vive.
El pastor, debe ser un cristiano maduro que tiene una vida intachable, que sea fiel a su esposa, que viva sabiamente, debe ser amable, no debe buscar pleitos ni amar el dinero, debe dirigir bien a su propia familia, Pues, como Pablo le escribe a Timoteo en el capítulo 3 de la primera carta, si un hombre no puede dirigir a los de su propia casa, ¿Cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?
Así que, la autoridad que Dios ha puesto en la iglesia, debe ser ejemplo para su familia y para la comunidad que lo ve vivir, pues haciendo esto se ganara el respeto y el amor de quienes los siguen.