Cuando queremos quedar bien con todas las personas, corremos el riesgo de aprobar y ser cómplices de las cosas malas, necesitamos ser coherentes con los principios y valores que nos enseña la Palabra de Dios.
El propio Dios aborrece los términos medio o tibios.
En la carta que Pablo escribe a los Gálatas, nos cuenta como el apóstol Pedro se separo de los gentiles por temor de ser juzgado por los judíos que defendían la circuncisión.
Cayendo en una actitud hipócrita, e influenciando negativamente con su conducta a Bernabé.
En esta historia de Pedro aprendemos dos cosas importantes
Lo primero, es que el temor a lo que nos pueda hacer el hombre va a impedir que podamos serle fiel a Dios.
Debemos tener una posición firme en cuanto a defender los principios bíblicos, entendiendo que vamos a experimentar rechazo de una sociedad que persiste vivir bajo su propia moralidad.
La segundo y no menos importante es que nuestras malas actitudes no solo corromperán y debilitaran nuestra relación con Dios, sino que también arrastraran y confundirán a los que nos están viendo vivir la vida cristiana.
Debemos ser transparentes y defender lo que creemos que esta bien delante de Dios, aunque esto nos pueda costar una amistad.