En el libro de Genesis en el capitulo once, nos cuenta la historia de que en aquel tiempo todos los habitantes del mundo hablaban el mismo idioma y usaban las mismas palabras. 2 Al emigrar hacia el oriente, encontraron una llanura en la tierra de Babilonia y se establecieron allí.
Y tomaron la decisión de construir una gran ciudad para ellos con una torre que llegara hasta el cielo. Esto los haría famosos y evitaría cumplir el mandato del Señor de tener que dispersarse por todo el mundo.
Claramente, podemos ver como desde el principio el ser humano ha tratado de querer vivir una vida independiente de Dios, al reaccionar de una manera rebelde y desobediente a su palabra.
En el libro de proverbios, el Señor nos aconseja que no debemos sabios en nuestra opinión, pues, cuando nos creemos suficientes y aptos para la vida en algún momento recibiremos el pago del hombre que sale humillado por haber probado el fracaso en todas sus formas.
En esta historia de la torre de Babel, este grupo de hombres estaba desafiando a la autoridad de Dios y a la verdad absoluta de que solo el Señor puede ser grande, excelso, y omnipotente.
Estos hombres, habían olvidado completamente el pago que Adan y Eva habían recibido al desobedecer a Dios. Como dice un dicho popular: nadie escarmienta por cabeza ajena.
Las consecuencias, de los hombres de esta historia, es que Dios confundió sus lenguas para que no pudieran seguir entendiéndose y no terminar aquella obra tan humanista y pecadora.
La historia de la torre de Babel no es una escena aislada del ser humano, lamentablemente, todavía se sigue repitiendo. Aun como iglesia, actuamos como la iglesia de Laodicea al pensar, que al tener ciertas riquezas en lo material, no tenemos necesidad de buscar tanto a Dios.
¿Necesito pedirle perdón a Dios por creer que soy sabio en mi propia opinión al querer vivir una vida desde el orgullo y la arrogancia?
Señor, no quiero hacer nada sin tu consentimiento, quiero que tu seas mi guía, hoy te pido perdón por mi desobediencia y rebeldía.