El evangelio de Mateo, en el capítulo seis del verso nueve al trece, nos relata como Jesús enseña a orar a sus discípulos. 9 »Ustedes deben orar así »“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre,10 venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. 11 Danos hoy nuestro pan cotidiano.12 Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. 13 Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno”.
Una oración centrada en el deseo de Dios abre de par en par las puertas del cielo.
Y es que nuestras oraciones deben estar centradas en aspectos tan importantes como santificar el nombre de nuestro Dios, entendiendo que no importan las circunstancias que podamos estar pasando, el es soberano, sabio y bueno.
Debemos pedir que el reino de Dios venga de una manera sobrenatural extendiéndose a todo lugar, debemos pedir que el Reino de Dios se establezca de tal forma que cada creyente este dispuesto a llevar el evangelio a cada esfera de la sociedad. Para que cada persona pueda conocer la voluntad de Dios para sus vidas.
Debemos pedir, que la voluntad de Dios que se hace en el cielo , se cumpla en la tierra. Deseando que sea revelada a cada persona que necesita que sus ojos estén abiertos a las cosas espirituales. Y de esta forma, muchos puedan empezar a vivir conforme a la voluntad de Dios y no conforme a sus deseos.
Debemos pedirle a Dios, que no nos permita caer en las tentaciones que cada día el enemigo nos propone conociendo nuestra debilidad.
La oración, es el medio de gracia que el Señor nos ha dejado para poder tener acceso a su voluntad y al disfrute de la presencia del Espíritu Santo.
En cuanto a las cosas que estamos deseando, vendrán por añadidura según el Plan que ya El Señor ha diseñado para nosotros.