Una de las palabras más mencionadas en estos días en las redes sociales, es la palabra censura.
Las plataformas digitales, han llegado a ser más poderosas económicamente que el estado más poderoso del mundo. Y se están valiendo de su poder para censurar a aquellos que disienten de sus políticas globalistas.
Es tal su poder, que, según datos del 2020, la plataforma Twitter tenía 340 millones de usuarios, más usuarios que toda la población de los Estados Unidos.
Otro buen ejemplo es Facebook, que tiene 2400 millones de usuarios, el doble de usuarios que toda la población del gigante asiático China.
Estas grandes tecnologías, están configurando una nueva forma de tiranía, coartando la libertad de expresión de todas las personas.
Otro buen ejemplo, es que, a partir del ocho de febrero, la plataforma de WhatsApp va a saber literalmente todo de nosotros. Van a tener acceso a toda la información que contiene el celular y conocer absolutamente todo lo que hacemos, con quien hablamos, las fotos que subimos, lo que decimos, etc.
Por esta razón, miles de personas están abandonando esta plataforma para ir a otras como Telegram.
¿Qué estamos haciendo la mayoría de los cristianos?
Hasta ahora, nuestra respuesta a todo lo que está sucediendo, ha sido cambiar de plataforma digital y pasarnos a otras con la intención de seguir salvaguardando nuestra privacidad y al mismo tiempo seguir usando las redes sociales como un poderoso medio de comunicación.
¿Pero, hay otra cosa que podamos hacer?
¿Cómo enfrentar bíblicamente los tiempos que estamos viviendo?
¿Qué hubiera hecho Jesús?
No creo que Jesús hubiese huido de la confrontación y la maldad de este mundo, de hecho, no lo hizo cuanto tuvo la oportunidad. Más bien, enfrentó la maldad con entereza de carácter y determinación a seguir haciendo el bien.
Pienso que debemos defender nuestra privacidad y que nadie tiene derecho a entrometerse en nuestras cosas, por otra parte, creo que ya estas plataformas conocen quienes somos y lo que pensamos.
Y si en vez de salirnos de estas plataformas digitales, nos quedamos, y de esta forma seguimos siendo cartas abiertas para ellos.
Como dice el apóstol Pablo de los cristianos de Corinto: son una carta que todos pueden leer… que no está escrita con pluma y tina sino con el Espíritu del Dios viviente. Que no está tallada en tablas de piedra, sino en corazones humanos.
¿Cuál es la voluntad de Dios en este tema tan importante?
¿Estoy preparado para predicar a Jesús en tiempos de persecución?
Señor, muéstrame tu voluntad en todo lo que necesito saber, pues deseo afrontar t