Nuestro enemigo el diablo, es experto en romper relaciones. El hará cualquier
cosa para que un matrimonio o los mejores amigos rompan, se dañen y
acaben destruyendo lo que por tantos años fue hermoso y bueno.
El diablo. se esconde tras los malos entendidos y también de las malas
acciones. Se esconde detrás de los vacíos del corazón y las malas aspiraciones que muchas veces
tenemos.
Donde somos capaces de pasar por encima de los demás para
lograr nuestros objetivos egoístas.
En muchas ocasiones, el diablo propone y nosotros accedemos, pues somos
responsables de todas nuestras decisiones.
El diablo, se esconde detrás de las buenas intenciones y los buenos deseos.
El diablo, se esconde detrás de las medias verdades y las mentiras blancas.
El diablo, se disfraza de vanidad, orgullo y ansias de triunfar.
La palabra de Dios, nos enseña en la carta que Pablo escribe a los efesios en
el capítulo seis versículos diez. Pues no luchamos contra enemigos de carne
y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo
invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra
espíritus malignos de los lugares celestiales.
Como cristianos, debemos estar conscientes de toda la realidad espiritual que
se mueve a nuestro alrededor. Pues, muchas veces no tenemos
discernimiento de las cosas que están sucediendo y acudimos nuestra
sabiduría terrenal y humana, que nos termina llevando a tener más frustración y
confusión.
¿Debo pedirle perdón al Señor por dejarme usar por el diablo y con mis
acciones destruir relaciones pasadas?
¿Debo pedirle perdón al Señor por ignorar las maquinaciones del diablo
confiando más en mi sabiduría que en la guía del Señor?
Señor, quiero caminar con sabiduría y temor de ti. Quiero ser un instrumento
de bendición para todos.