En el reino de Dios, no hay manipulación, engaño y mucho menos el espíritu
de conveniencia al que tanto estamos acostumbrados.
El apóstol Pablo, escribiéndole a los Corintios, en el capítulo dos de la primera carta en los versículos uno, cuatro y cinco les dice: Así que, hermanos, cuando fui a
vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de
palabras o de sabiduría. Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras
persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de
poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres,
sino en el poder de Dios.
Y es que, tanto la iglesia como la vida cristiana, deben estar llenas de la
presencia de Dios y no de nuestras buenas ideas e intenciones.
Es imposible, ver la mano de Dios si nosotros estamos buscando nuestro
bienestar antes que la voluntad del Señor.
Es imposible, ver la Gloria de Dios si nosotros insistimos en dirigir con
nuestras ideas a la iglesia que le pertenece al Señor.
Lo más difícil, siempre será dejar que Dios actúe ante aquellas situaciones
que no entendemos o queremos ganar.
Lo más difícil, siempre será no tomar venganza con la injusticia y dejar que
Dios nos defienda con su amor y justicia.
El mismo apóstol Pablo, le dice a los corintios en el capítulo cuatro, versículo
veinte: Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.
El día, que le demos el control de nuestras vidas al Señor veremos la misma
Gloria de Dios revelándose con poder en nosotros.
El día, que rindamos nuestro liderazgo en la iglesia del Señor veremos
sanidades, prodigios y su hermosa presencia llenando cada vida necesitada.
El día, que dejemos nuestros egos e intereses a un lado, es día dejaremos de
buscar el éxito de este mundo para buscar la incomparable gloria de Dios.
Cuando queremos aplicar los principios de este mundo en el reino de Dios,
veremos caos, división, miseria y más triste aun, veremos a demonios
actuando a placer en lo que debe ser santo y apartado para Dios.
Dejemos a un lado, todo lo que no viene de Dios y busquemos alinear
nuestras vidas al Rey de Reyes y Señor de Señores.
¿Debo pedirle perdón al Señor por estar dirigiendo mi vida a mi forma y
manera?
¿Debo pedirle perdón al Señor por estar administrando equivocadamente su
iglesia?
Señor, quiero más de ti y menos de mi.