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Si el pozo se ha secado y en el manantial ya no corre el agua, deberíamos
preguntarnos qué ha sucedido.
¿Será que hemos dejado de ir a la fuente?
¿Será que nos hemos acostumbrado a vivir sin el Señor?
El salmista, expresa en el capítulo ciento dos, versículo cuatro: mi corazón
está herido, y seco como la hierba, por lo cual me olvido de comer mi pan.
El versículo once, de este mismo capítulo, el salmista le sigue diciendo al
Señor: Mis días son como sombra que se va, y me he secado como la hierba.
Y es que vivir sin Dios y alejados de su voluntad solo traerá dolor y sequedad
en el corazón.
Cada decisión tomada sin la aprobación de Dios tendrá consecuencias que
repercutirán negativamente en nuestras vidas y en las personas que más
amamos.
El orgullo, la prepotencia y la necedad, solo sirven para alejarnos del Señor y
su presencia.
El que ha probado la presencia y el amor de Dios, será en otro ambiente como
flor sin rocío o mañana sin sol.
El salmista David, en el capítulo treinta y cuatro, versículos del cuatro al diez
dice: Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Los que
miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados. Este
pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias. El ángel de
Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende. Gustad, y ved
que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él. Temed a Jehová,
vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen. Los leoncillos
necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de
ningún bien.
¿Necesito pedirle perdón al Señor por está viviendo una vida independiente y
alejada de su voluntad?
¿Necesito regresar a la casa del Padre para volver a vivir la vida de hijo?
Padre, quiero beber cada día de tu fuente, deseo que mi corazón siempre este
lleno de tu presencia.