El apóstol Pablo, nos enseña en la carta a los romanos en el capítulo doce,
versículo dos, que no debemos imitar las conductas, ni las costumbres de
este mundo.
Lamentablemente, el cristianismo actual se parece más al mundo que a Jesús.
Hemos adoptado una serie de estrategias humanas con la intención de
alcanzar a los perdidos, pero en realidad hemos sido alcanzados con las
costumbres y conductas de aquellos que no conocen a Dios.
Nos parecemos tanto, que ya casi es imposible darnos cuenta delante de
quien estamos. Si estamos delante de una persona que está empezando a
creer en Jesús o delante de un cristiano tibio ante tanta permisividad en su
corazón con las cosas que no proceden de Dios.
Antes de cambiar por fuera, siempre el cambio debe empezar desde el corazón
para poder ver una verdadera transformación en el creyente.
Pablo les sigue diciendo a los cristianos en Roma, que por cierto poseían una
cultura mundana y bien alejada de Dios.
Dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de
pensar.
Otro problema, que presentamos en la actualidad, es que debemos renovar
nuestra mente a la manera de Dios, cambiando toda mentalidad farisea por
una mentalidad llena de Cristo.
En muchas ocasiones, no podemos escuchar a Dios debido a que nuestra
mente está llena de estructuras y suposiciones de hombres que impiden que
podamos seguir al Espíritu Santo.
Necesitamos más de Dios y menos de nosotros, solo así y como dice Pablo
aprenderemos a conocer la voluntad de Dios, la cual es buena, agradable y
perfecta.
¿De qué nos vale saber tanto sino estamos dispuestos a obedecer?
¿De qué nos vale tener tantas ideas sin antes de hacer no contamos con
Dios?
Señor, quiero seguirte a tu manera y bajo tus condiciones.