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Cuando el apóstol Pablo, le escribe a los efesios en el capítulo seis, versículo
diez les dice: Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el
poder de su fuerza.
La firmeza de seguir a Jesús, no proviene de nuestra inteligencia o la capacidad
de resistir humanamente los embates de nuestro enemigo, el diablo.
La firmeza de seguir a Jesús, no proviene de cuanto hacemos para Dios y su
obra.
La fortaleza en el Señor, la recibimos cuando nos humillamos ante su presencia
cada día reconociendo nuestra incapacidad espiritual para poder librar cada
batalla.
La fortaleza en el Señor, llega a nosotros cuando sometemos nuestra voluntad a
su voluntad y nuestros deseos a sus planes.
Cuando David enfrento a Goliat le dijo: Tú vienes a mí con espada y lanza y
jabalina; más yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los
escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.
La razón, que expone Pablo para buscar fortaleza en el Señor y que nadie debería
olvidar, es que nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra
principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este
siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Estamos como David en un campo de batalla, luchando contra un enemigo
vencido y derrotado, que sigue lanzando zarpazos de muerte contra los hijos de
Dios.
Nosotros como David, nos fortalecemos en el Señor y en el poder de su fuerza,
extendiendo el reino de nuestro Dios a través de la predicación del Evangelio.
No importa cuán grande es la tormenta ni que poderosos puedan ser los gigantes
de hoy. Estamos en el bando del que venció en la cruz.
¿Estoy confiando en mi habilidad y capacidad humana para vivir el evangelio?
¿Estoy dispuesto a obedecer al Señor en todo momento y circunstancia?
Señor, cada día busco fortaleza en ti. Solo tú me puedes ayudar a vencer.