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Una de las practicas más comunes que lamentablemente se ha convertido en un
estilo de vida para los cristianos, es el chisme.
La carta de Santiago en el capítulo tres, del versículo tres al seis dice: Mirad
también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son
gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así
también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. ¡¡He
aquí, !!cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego,
un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y
contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es
inflamada por el infierno.
Hablar sin saber, haciéndonos eco de lo que otros dicen sin pruebas, es pecado.
Hablar de otros, aumentando a la historia cosas que no sucedieron. Es pecado.
Sembrar la duda y el descontento para dividir una congregación. Es pecado.
Hablar mal de otras personas, para salir ganando en algo que me conviene. Es
pecado.
Estas y otras prácticas se han hecho tan comunes que es casi imposible conocer
la verdad, ya que la mentira y el mal corazón le han ganado a la prudencia y la
bendición.
El propio Jesús, hablando de los fariseos les dice: de la abundancia del corazón
habla la boca, así que, si queremos saber que hay en el corazón de una persona,
solo debemos dejar que hable un poco, y enseguida sabremos que hay en su
corazón.
¿Por qué antes de hablar no pienso bien lo que voy a decir?
Santiago, sigue escribiendo del poder de la lengua del versículo nueve al doce: Con
ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están
hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y
maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por
una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la
higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar
agua salada y dulce.
¿Debo pedir perdón a Dios por haber hecho comentarios falsos e hirientes?
¿Debo pedirle perdón a Dios por provocar división y descontentos con mis
palabras?

Señor, quiero refrenar mi lengua de todo mal que pueda decir, quiero usar mis
labios solo para bendecir y hablar tu verdad.