¿tenéis algo de comer?
Juan 21.5
Los discípulos habían negado al Señor y no estuvieron con Él en el momento más difícil. ¿Cómo reaccionaría Jesús ahora que se volvía a encontrar con ellos? Los discípulos pescaron toda la noche y no pescaron nada. Los discípulos estuvieron desanimados porque habían fallado al Señor. Jesús les dio instrucciones de ir a Galilea diciéndoles que los encontraría allí. En lugar de esperar a Jesús cuando llegaron allí, Pedro decidió ir a pescar y convenció a algunos de los demás para que lo acompañaran. ¿Cuál era el problema con esto? Los discípulos no estaban haciendo lo que el Señor les dijo que hicieran. La situación era muy tensa porque los discípulos no sabían cómo el Señor iría a reaccionar. Y para sorpresa de todos, simplemente les preguntó si tenían algo de comer.
Con esta pregunta Jesús no solo está invitando a sus discípulos a comer para que se den cuenta que no es un fantasma sino que está vivo, sino también les hace esta pregunta sencilla para empezar el diálogo con ellos y poder empezar a retomar el vínculo roto y que lo puedan hacer sin culpabilidad. El Señor estaba tratando de animarlos y empezar a conversar acerca de la cuestión de fondo, de la que el Señor quería hablar con ellos. El Señor preparó el fuego y empezó a freír un pescado y junto con pan les dijo a los discípulos que vinieran a comer. Jesús les dio un mando, vengan coman. Después de toda una noche de fracaso al siguiente hay un gran éxito. Después de toda una noche de frustración el siguiente día era un nuevo amanecer, era un nuevo día. Jesús les preguntó si tenían algo de comer. Evidentemente sabía que no habían pescado nada. Pero lo hizo para hacerles ver que necesitaban su guía y su dirección. Sabiendo los discípulos que era el Señor. Seguramente en su corazón volvieron a sentir la paz y fortaleza en Cristo, quien vive y estaba en medio de ellos. En esta mañana nuestro Señor te ha preparado una buen alimento, una buena comida y te invita a comer. Cuando el Señor quiere animar a sus hijos los invita a comer. ¿Por qué no pasas un tiempo tú y Él solos? Qué Él te llene de su consuelo en medio de tu tristeza, que te esperanza en medio de tu confusión. Que te dirección en medio de tu incertidumbre. Toma tu Biblia y deja que Él te hable. Ponte a orar y conversa con Él. Tú como creyente estás unido a Él.
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. Mateo 11.28-30.
Cristo no nos promete ni nos prometió una vida fácil o libre de pruebas. Él te invita en esta mañana a que le entregues tus cargas y te invita a que te dejes guiar por Él. Ser cristiano no es fácil. En estos versículos nos hace una promesa de darnos descanso.
Aquí nuestro Señor usa una linda ilustración del arado del campo. Para hacer los surcos en el campo se usaba un par de bueyes. Un animal viejo con experiencia quien era el que dirigía el paso, quien dirigía la dirección y el otro animal era un buey que no sabía cómo hacer la línea recta, que necesitaba aprender del otro buey, pero sobretodo necesitaba seguir la dirección del buey con experiencia. Un problema ocurría cuando el buey joven no quería seguir la dirección, el paso del buey viejo y esto hacía que los dos animales lastimaran sus cuellos con el pesado yugo, madera que los unía a los dos. El buen joven tal vez iba más despacio o rápido que el otro buey o el buey joven iba en una dirección totalmente diferente en la cual iba el buey viejo con experiencia.
El Señor Jesús usa esta ilustración para mostrarnos que Él es nuestro maestro, nuestro discipulador personal por excelencia. Él tiene un yugo exacto para cada uno de nosotros. Tal vez la carga que tienes ahora mismo es muy pesado, tal vez el yugo que estás llevando sobre ti es demasiado para ti. Si tú aprendes el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo cómo llevar tu yugo tendrás descanso en tu alma.
Jesús explica dos características muy importantes de un creyente discípulo. Manso y humilde. Jesús aprendió a ser manso y humilde a la voluntad del padre. Es decir, aprendió a estar obediente, sumiso a la voluntad y dirección del Padre. En nuestra ilustración, Jesús es el que tiene experiencia y lo que nosotros tenemos que hacer es seguir su paso y dirección. Tal vez tú preguntaras, ¿dónde me guiará el Señor después de esta situación actual la cual estoy pasando? Tengo temor, incertidumbre, etc. Recuerda que es nuestro Señor, nuestro Dios el que te está guiando, el que te está invitando a seguirle, a seguir su dirección. No temas, si tú te sujetas a Él y le sigues, confiando y sabiendo que Él maneja los tiempos, las situaciones en cada una de nuestras vidas, tendrás descanso para tu alma. A veces pasa que nosotros por seguir nuestra propia dirección y nuestro propio tiempo nos lastimamos a nosotros mismos.