Después de Retroceder nunca, rendirse jamás, volvemos a aventurarnos con Los músculos belgas AKA Van Damme.
En esta ocasión, una peli muy especial: La mujer del dueño de los Pittsburgh Penguins de aquellas, Karen Baldwin, un día se quedó mirando la cúpula del estadio y pensó "estaría GUAPÍSIMO una peli en la que un tío se colgara del foco". Dicho y hecho. Con esta premisa (o más bien, con esta escasa premisa), se creó el guion y, aprovechando el lockout de la temporada 94/95 de la NHL, se rodó esta película, una especie de anuncio largo, pero extrañísimo (muchas decisiones serían impensables hoy, en la época del brading) que, con el tiempo, se ha convertido en toda una obra de culto.