Cuenta la historia de Felix Samaniego, adaptada por mi que Había un herrero que tenía un perro muy holgazán, solo comía y dormía todo el día. Su amo era muy generoso y trabajaba fuertemente en la herrería, dándole forma al metal, construyendo creaciones hermosas para sus clientes, como muebles, ventanas, puertas, barandas, escaleras, todas con muy buena calidad, era dedicado y responsable con el compromiso que asumía con sus clientes. Este herrero actuaba en consecuencia con las responsabilidades que asumía. Un día se dio cuenta que su perro no estaba apreciando todo lo que él le daba, debido a que no tenía que trabajar para conseguirlo, el mismo herrero había contribuido a que su perro fuera holgazán y no realizara las tareas que le correspondían, como era acompañarlo al mercado, espantar los gatos, cuidar la casa y aún así recibía alimento y techo. Entonces el herrero decidió darle una oportunidad al perro para valorar su vida y le dijo que no lo seguiría manteniendo si no trabajaba, el perro le respondió “ acaso crees que soy un burro para estar trabajando todo el día? Pues no lo soy, soy un perro fino y se fue pensando que obtendría algo mejor en otro lugar. Estando en la calle y con mucha hambre tuvo que trabajar para conseguir alimento, salía con un pastor en las mañanas y le ayudaba a cuidar las ovejas, en las tardes cuidaba un granero y en las noches, vigilaba un viejo rancho, por todo este trabajo recibía dos comidas al día y dormía muy poco pues trabajaba mañana, tarde y noche.
En ocasiones no valoramos el trabajo que tenemos, nos quejamos de la distancia que debemos recorrer para llegar, del jefe que nos tocó, de la cantidad de trabajo, entre otras cosas. Hoy te invito a mirar objetivamente tus actividades diarias, ¿pierdes tiempo en tu trabajo? ¿realizas tu trabajo con el menor esfuerzo solo tratando de cumplir y ya? O ¿te esfuerzas, trabajas con disciplina, con calidad, dando lo mejor de ti? En ocasiones no valoramos lo que tenemos y se nos baja en ánimo y no actuamos con diligencia, es decir, no actuamos de manera consecuente con las responsabilidades que asumimos y cuando nuestras circunstancias cambian y desmejoran, empezamos a valorar lo que teníamos y nos damos cuenta de los errores que cometimos.
No esperemos a perderlo todo para valorar lo que tenemos, actuemos con diligencia, dando lo mejor de nosotros cada día en nuestro trabajo, en nuestras relaciones familiares, en nuestra relación de pareja y lo más importante en nuestra relación personal, actuemos con diligencia siempre que hagamos algo para nosotros mismos. Nos merecemos lo mejor.