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En el siglo XIX, diversos autores recogieron una curiosa historia que se remontaba al tiempo en que el emperador Rodolfo II (1572-1612) instaló su corte en la ciudad de Praga. Se contaba, en efecto, que tras la desaparición de un niño cristiano la población acusó a los judíos que vivían en la capital checa de haberlo secuestrado para asesinarlo y utilizar su sangre en los sacrificios que realizaban durante la Pascua. Se trataba de una de las acusaciones típicamente falsas que circulaban contra los judíos ya desde la Edad Media. Rodolfo II no pudo sino condenar al destierro a todos los judíos de la ciudad.