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Description

En la época en que Kenzo Kobayashi vivía en Tokyo y era un muchachito acaso de tu misma edad, no existía la luz eléctrica. Ni calles, ni caminos, ni carreteras estaban iluminados como hoy en día.
Por eso, a partir del anochecer, quienes salían fuera de las casas debían hacerlo provistos de sus propias linternas. Era así como bellos faroles de papel podían verse aquí o allá, encendiendo la negrura con sus frágiles lucecitas. Y como decían que la negrura era especialmente negra en las lomas de Akasaka —cerca de donde vivía Kenzo— y que se oían por allí —durante las noches— los más extraños quejidos, nadie se animaba a atravesarlas si no era bajo la serena protección del sol.