En correspondencia encontramos también obediente a María la Virgen, cuando dice: "He aquí tu sierva, Señor: hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38); a Eva en cambio indócil, pues desobedeció siendo aún virgen se hizo causa de muerte para sí y para toda la humanidad; así también María, teniendo a un varón como marido pero siendo virgen como aquélla, habiendo obedecido se hizo causa de salvación para sí misma y para toda la humanidad