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Las tormentas de la vida muchas veces son muy fuertes, en muchas ocasiones pareciera que no podremos frente a ellas, lagrimas aparecen y por periodos pareciera que son el pan diario para nuestra vida

Y es que todos estamos propensos a ser victimas de una tormenta recia, de esas que nos dejan derribados muchas veces, pero no destruidos, el Apóstol Pablo decía: “…derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:9).