La impotencia de los Herrera para controlar las islas o siquiera para tratar de defenderlas de los ataques de otros países europeos, comenzó a ponerse de manifiesto poco tiempo antes de que el Gaire Maninidra destruyese la Casa-Torre de Gando, cuando el reino de Portugal, retomando sus pretensiones sobre el Archipiélago, envía hasta Canarias una buena escuadra naval al mando del Conde de Portoalegre d. Diego da Silva y Meneses.