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En los últimos años se ha venido haciendo uso, de manera cada vez más recurrente, del término multimedia. No obstante, términos como éste siguen teniendo quizá un sentido aún confuso para quienes lo emplean, sobre todo para quienes no tienen ningún tipo de vínculo con disciplinas como las artes y el diseño o con aquellas que están ligadas a las ciencias de la comunicación o con el desarrollo y creación de las tecnologías de la información. Esta confusión no debería de extrañarnos en tanto, incluso entre quienes le han dedicado tiempo a darle sentido a su significado apenas existe un acuerdo.

Habría que aclarar, no obstante, que el término multimedia llego al español, como sucede en muchos casos, como una más de las importaciones lingüísticas recientes del inglés, en donde, en obras lexicográficas anglosajonas, se tienen acepciones relacionadas con esta palabra que la definen como: el uso de una combinación de imágenes estáticas y móviles, sonido, música y palabras, especialmente en computadoras y que tienen fines de entretenimiento.

Las herramientas de programación están diseñadas para administrar los elementos de multimedia individualmente y permiten interactuar con los usuarios.

Aunque la definición de multimedia pueda sonar sencilla, hacer que trabaje puede ser complicado. No sólo se debe comprender cómo hacer que cada elemento se active, sino también se necesita saber cómo utilizar las herramientas computacionales y las tecnologías de multimedia para que trabajen en conjunto.

Un proyecto de multimedia no tiene que ser interactivo para llamarse multimedia: los usuarios pueden reclinarse en el asiento y verlo como lo hacen en el cine o al televisor. En tales casos un proyecto es lineal, pues empieza y corre hasta el final, cuando se da el control de navegación a los usuarios para que exploren a voluntad el contenido, multimedia se convierte en “no lineal” e interactiva, y es un puente muy poderoso hacia la información