Debo reconocer que hoy ya no sé si los masones veneran la cruz, se beben la sangre de un mono con la cola pelirroja en el caliz de un vecino de Cristo, o pertenecen al sindicato del metal, de verdad. La cantidad de datos que aporta el señor Brown en la novela me mareó por completo, pero es parte del atractivo de su escritura.