En la segunda mitad del siglo XVIII la ópera da un giro en la estructura interna, un cambio impulsado por C. W. Gluck. También la importancia como libretitas como Metastasio y Da Ponte, forjarán el espíritu del género operístico del clasicismo. Obras de tan importantes como Orfeo y Eurídice (Gluck) o Las bodas de Fígaro de Mozart serán el telón musical de este homenaje a la ópera.