Vivimos en un mundo fracturado. Un apéndice infectado tiene que ser operado. Una relación rota necesita honestidad y franqueza si alguna vez va a mejorar. La corrupción debe ser expuesta antes de que pueda ser limpiada. Pero el objetivo final es siempre la curación, la vida, la alegría, la paz. Jesús vino a este mundo no solo para alterarlo, sino para arreglarlo. Si nos humilla, nos volverá a levantar. Si sufrimos, sabemos que nos resucitará así como él también sufrió y resucitó de entre los muertos. A través de Jesús, Dios nos reveló su amor y misericordia para nosotros. Terminemos este año y comencemos el nuevo siguiendo la exhortación del apóstol Pablo:Entonces ustedes, como escogidos de Dios santos y amados, revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. Colosenses 3:12