En un momento de su vida, cuando el rey David se sintió atrapado en la prisión de la culpa, escribió las siguientes palabras del Salmo 38: "Mi pecado pesa sobre mi cabeza; ¡son una carga que ya no puedo soportar!... Por eso, voy a confesar mi maldad; pues me pesa haber pecado... Señor, mi salvador, ¡ven pronto en mi ayuda!" (Salmo 38:4, 18, 22)Si, al igual que al rey David, te molesta la conciencia por algo que has hecho, por el estilo de vida que llevas, por una relación inapropiada o quizás por un error del pasado, presta atención a las siguientes palabras de promesa de la Biblia:"Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecadosy limpiarnos de toda maldad." (1 Juan 1:9)Dios está dispuesto a escuchar tu confesión, a darte su perdón y a limpiar tu corazón. No esperes más. Acércate a él con confianza. Él te ama y te está esperando con los brazos abiertos.