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Cuando el rencor nos lleva a querer tomar las cosas por nuestra cuenta y vengarnos, en vez de buscar la solución divina, lo que estamos haciendo es poniéndonos por encima de Dios. Solamente cuando reconocemos que a pesar de las circunstancias el rencor es un pecado contra Dios, somos movidos a confesarlo y recibimos perdón. El apóstol Pablo nos dice muy claramente en Efesios 4:30:No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, con el cual ustedes fueron sellados para el día de la redención. Desechen todo lo que sea amargura, enojo, ira, gritería, calumnias, y todo tipo de maldad. En vez de eso, sean bondadosos y misericordiosos, y perdónense unos a otros, así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo.