Ser padres es una de las experiencias más gratificantes y a la vez más complejas. Es por ello que tan a menudo nos estresamos. Y si bien un poco de estrés es bueno porque nos da energía y nos mantiene motivados, ya deja de ser bueno cuando se convierte en una fuente de tensión que nos afecta no sólo a nosotros, sino también a quienes nos rodean.