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Description

Cada latido de nuestro corazón es una ocasión de Vivir -con mayúscula-, de tomar las riendas de nuestra existencia para dirigirla a buen puerto.  Vivir es una lucha constante entre el Sentido y la Nada.  Vivir es elegir, es escoger lo que conviene a nuestra naturaleza más profunda en lugar de ceder a la superficialidad que nos aliena con sus nimiedades.  Vivir es pulirse a uno mismo hasta lograr que florezca la Virtud, por el bien propio y de todos los seres.

Virtud -del latín virtutem- nos habla de la fuerza propia del guerrero, del potencial realizado.  Virtuoso es quien focaliza su voluntad en ser el que está llamado a ser.  Virtuoso no es el santo angelical que vive alejado del mundo sino el que realiza su humanidad.  La virtud no se vive desde la distancia sino en la amistad.  La virtud exige delicadeza de corazón y reciedumbre de carácter.

No se es virtuoso por hablar del Bien, ni por exigirlo, sino por vivir en comunión con él, dejando que nos fecunde.  Me gusta especialmente cómo lo expresa Lao-Tse en su Tao-Te-King:

La persona virtuosa cumple con su deber; la persona sin virtud sólo sabe imponer cargas a los demás.

Sólo el que lucha constantemente contra lo peor de sí mismo es plenamente conocedor de sus luces y sombras.  Y sólo el que ha convivido con las propias fortalezas y debilidades es capaz de comprenderlas y tolerarlas en los demás.  Por ese motivo, el más virtuoso de los hombres es también el más misericordioso...  Y el más rígido e intransigente el menos digno de confianza.

Roguemos y trabajemos por nuestra virtud...  Y por el corazón compasivo que la acompaña como la sombra al cuerpo cuando es bañado por la luz.