La liturgia de la palabra presenta, en las últimas semanas de Cuaresma, los ataques de los escribas y fariseos para hacer caer a Jesús en alguna trampa. Uno de ellos, el de la mujer sorprendida en adulterio. Ahí admiramos no solo cómo se libró Jesús de una paradoja al parecer sin solución, sino sobre todo la misericordia de Dios. Propaguemos esa misericordia a través del apostolado de la confesión.