En el misterio de la intervención de Dios en nuestras vidas, se encuentra la realidad de nuestra propuesta. No sabemos ni cuando, ni cómo interviene, se lo puedes pedir, ofrecer y cómo tu lo creas. Pero lo que sí es muy importante es que asumas la plena responsabilidad de no temerle, sino amarlo y con ello cumplir, firmemente, con vivir acorde a su voluntad, plasmada en ser personas de bien, con una práctica constante de la caridad y la generosidad, y en todo momento hacer el bien y nunca causar daño ni a ti ni a los demás. Aspirar a ser sabios, justos y plenamente consciente de ser responsables de salir de nuestros sufrimientos y de construir nuestra felicidad de una manera más clara e inteligente.