Cuando era niña, mi abuela me enseñó a orar: "Padre nuestro, danos corazones agradecidos por todas tus misericordias". Era nuestra oración antes de la cena en casa de mis abuelos. La llamé "la oración de la abuela". Esta oración tiene una repercusión particular para mí en esta temporada. Muchas de nosotras estamos sufriendo pérdidas. Hemos perdido a miembros de la familia. Hemos tenido que distanciarnos físicamente de nuestros seres queridos cuando anhelamos estar celebrando o llorando juntos. Mucha gente ha perdido su trabajo y ha sufrido enfermedades. Algunas de nuestras instituciones vecinales han cerrado. Tuvimos que dejar de lado nuestros planes. La lista continúa.